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El placer de llegar a casa y disfrutar

Hace varios años, cuando era chico, había dos clases de compañeros de colegio (siempre en el contexto de los videojuegos, claro). Estaban los que tenían alguna consola en su casa o que tenían una PC con la que podían jugar, y aquellos que esperan ansiosos ir a esas casas para poder jugar. En ese momento no había información sobre videojuegos, no había revistas especializadas a nuestro alcance. Otra forma de poder acceder a los videojuegos era ir a los arcades, un clásico si ibas a la costa.

El presente que descarta ese pasado

Con el paso de los años, el poder llegar a tu casa y disfrutar de un videojuego se normalizo. Tanto, que la tecnología hoy en día nos permite poder jugar incluso sin estar en casa, ya que con cualquier dispositivo móvil podemos divertirnos un buen rato. Pero aún recuerdo aquellos momentos cuando acceder a una consola era toda una aventura y, de alguna forma, hoy lo sigo viviendo así. Si bien en los últimos largos años fui más de PC que de consolas, todavía tengo ese sentimiento ahí a flor de piel cuando tengo acceso a una consola nueva, sea cual sea.

La primera consola que tuve a los cuatro años si mal no recuerdo fue una Atari 2600. La consola vino con cuatro cartuchos: Pitfall, Frogger, Pac-Man y Space Invaders. Y fue lo que jugué durante meses ya que por aquel entonces era complicadísimo encontrar un lugar que alquile juego de Atari. Y digo “alquile” porque por aquel entonces se estaba poniendo de moda eso de alquilar juegos y no de comprarlos, por un tema de costos. De casualidad, un dia mi mamá encontró uno de estos locales y alquilar finalmente diferentes juegos fue, de nuevo, toda una aventura.

La aventura antes de la aventura

Disfrutaba el viajar en colectivo con mi mamá hasta aquel local, que quedaba en una galería escondida en Lomas de Zamora. El local estaba lleno de cartuchos y pasaba muchísimo tiempo eligiendo bien el cartuchos, ya que el alquiler era de solo 3 días, y tenía que pensar bien qué era lo que llevaba. Para aquel entonces ya tenía casi seis años. Meses después, casi a mitad de año, entraron a robar a mi casa y se llevaron la Atari 2600, y recuerdo que mi mundo se derrumbó.

Todavía tenía cinco años y cuando llegaba del colegio ya no podía disfrutar de mis juegos favoritos (el Pitfall calculo que lo habré jugado miles de veces). Cuando mis mejores amigos venían a casa, ya no nos poníamos a hacer competencia con el Pac-Man. Ahora era de esos chicos que para disfrutar de un videojuego, tenía que ir a la casa de algún otro amigo. Así lo vivía yo, al menos, por ese entonces. No es que me sentía ni más ni menos que los demás, era esa diferencia, sutil, de llegar a tu casa y no tener eso que tanto te emocionaba para disfrutar.

El futuro en tus manos

Recuerdo que un amigo tenía una PC que era de su mamá, pero se la prestaba para jugar cuando íbamos a su casa. Ahí conocí por primera vez el Maniac Mansion y me enamoré. Esperaba durante toda la semana para que llegue el jueves, que era el día que desde el colegio me iba a lo de este amigo a pasar el día.

Más tarde, a otro amigo le regalaron una PC, y también pasó lo mismo: esa emoción de ir a su casa y disfrutar esos juegos que en mi casa no tenía. Y ojo, para ese entonces mis padres me habían vuelto a comprar otra Atari 2600, incluso creo que para ese momento ya tenía ese hermoso clon del NES llamado Family Game, y la Sega Megadrive. Pero por aquel entonces la PC tenía juegos que no encontrábamos en consolas, como la mayoría de las aventuras gráficas de LucasArts o Sierra, y un amplio abanico de juegos de terror adultos que tanto me gustaban.

Aquello que no tenías en tu poder

Claro. Teniendo un par de consolas en casa, tan diferentes entre ellas y con juegos tan accesibles (al menos los cartuchos de Family Game por aquel entonces los vendían en todas partes), el sentimiento de llegar a casa y poder disfrutar de lo que a uno le gusta estaba intacto. El hecho de querer ir a lo de estos amigos era simplemente para vivenciar ese nuevo mundo que me regalaban los juegos de PC. Que en aquel entonces había mucha diferencia.

Los años fueron pasando y vendiendo el Family Game y la Sega Megadrive, me pude comprar una SNES con un kit que traía un arma que podías usar en un par de juegos. Vendiendo eso, compré una Nintendo 64. La tuve solo unos meses porque era imposible conseguir juegos. La vendí y compré una Sega Saturn. También la tuve unos meses porque se conseguían juegos, pero eran muy pocos los que había disponibles. La vendí también, y ahí compré una PlayStation. Consola que llegó para quedarse.

El futuro que nos alcanzó

Exploté a más no poder, solo y con amigos, la era de PlayStation y PlayStation 2. En el medio tuve un Game Gear y una Game Boy. Luego me compré la primera PC potente (luego de haber pasado por unas hermosas 286, 486 y Pentium II), y tuve una Nintendo Wii, consola que también la disfruté muchísimo. Desde ese entonces, no tuve más consolas. Me volqué de lleno a los juegos de PC y los juegos exclusivos los disfrutaba en la casa de algún amigo.

Pero para ese entonces, ya todo se había normalizado. Hoy en día para muchos es moneda corriente eso de llegar a casa y poder tirarse en la comodidad de sus sillones a disfrutar el juego que quieren tener (siempre que la economía nos acompañe). Incluso se normalizó ese sentimiento de expectativa por conseguir algo nuevo, ya que la cantidad de juegos que están a nuestro alcance es infinita prácticamente. Sí, explotó la moda del hype, pero ese es otro tema del que ya hablamos en esta otra nota.

Un poco de historia. La historia de mi generación

Quizás para muchos esta nota no tenga sentido, porque no vivieron ese momento donde no existía ese placer de llegar a casa y disfrutar de su videojuego favorito. Pero para aquellos que si lo hicimos, créanme cuando les digo que se siente un placer grande al llegar quizás luego de un día laboral, con la cabeza llena de otras cuestiones, y poder hacer eso que más nos gusta: sentarse, descansar, y poder jugar unas partidas de lo que sea que juguemos.

Siempre mis notas tienen un dejo de nostalgia no porque sea de esos que aún se quedaron en los 80’s o 90’s, o esos que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. Soy de esos que ama el presente y todo lo que esto nos regala, ya que es el primer paso para nuestro futuro. Simplemente encuentro interesante poder mostrar lo que se vivía y lo que se sentía en aquellos momentos, a generaciones más jóvenes que hoy en día tanto interés tienen por aquellos tiempos a los que llaman “retro”.

Escrito por

Redactor. Cinéfilo. Game Designer. Dibujo sin ser ilustrador y hago música sin ser músico. El terror ante todas las cosas. Aprendí a querer más a los animales que a las personas. Mi BFF se llama Leono.

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