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La industria nacional que me pone orgulloso

La industria Argentina de videojuegos es un mundo asombroso que se supera día a día. Cada vez veo más y más gente que, más allá de lo que supone ser un trabajo, lucha contra el tiempo y contra una economía derrumbada por cumplir sus sueños. Porque aunque muchos crean lo contrario, hacer un videojuego es cumplir un sueño. Es llevar a cabo un proyecto que nos moviliza desde lo más profundo, es hacer lo que amamos, es darle forma a una historia que queremos contar, un sentimiento que, como dije en la nota anterior, queremos compartir.

Directo al grano

Ejemplos hay muchos, y todos son válidos. En 1995 salía Regnum, que si mal no recuerdo fue el primer juego argentino comercializado en CD. Todos deben recordar a Regnum Online, el conocido MMO que fue la delicia de mucho por aquel entonces. Regnum en su primera parte poco tiene que ver con Regnum Online, pero creo que Regnum II si fue parte del lore del exitoso MMO.

En 1999 salió Argentum Online, con un nombre bastante clave en esto de marcar territorio. El juego es un MMO bastante clásico que también despertó la pasión de cientos y cientos de fanáticos en aquel momento, donde esto de jugar online con una computadora te convertía en un ratón de laboratorio. Sí, en aquel entonces no era como hoy, que es algo común y que para muchos está automatizado por la época en que se criaron. En aquella época, donde todavía se utilizaba el teléfono de línea y cada vez que llamabas a la chica que te gustaba corrías el riesgo de que te atienda el padre. En fin, eran otros tiempos y a los que éramos fanáticos de los videojuegos se nos veía de otra forma. Por suerte, en ese entonces tampoco existía la palabra “gamers”.

En ese mismo año, salía Malvinas 2032, una visión sobre un hecho histórico que nos planteaba la situación de un nuevo conflicto, pero muchos años después. Siendo este un RTS, estaba claro el mensaje de que, como en el título del juego anteriormente mencionado, los desarrolladores necesitaban poner la impronta de nuestro país alrededor del mundo.

El terror llegó a golpear puertas

Scratches fue uno de esos juegos que un poco revolucionó las cosas en 2006, al menos para los amantes del terror, ya que era revivir esa hermosa época de juegos como el 7th Guest, The 11th Hour, la saga Myst, Riven o Uru. Era una aventura gráfica de terror con un trabajo minucioso en cuenta el cuidado de los detalles y la historia que planteaba. Era como si la industria nacional se hubiese hecho mainstream. ¡Toda una locura!

Mi pequeño aporte

Durante casi 10 años fui parte de esta industria, desarrollándome como Game Designer, Level Designer y haciendo algunas veces de Producer, siempre hablando de juegos móviles. Más tarde me fui de la empresa en la que trabajé muchos años y oficié en algunos proyecto de Producer, Team Leader e incluso hasta de Art Director. En todo ese tiempo, pude conocer a muchísima gente que hoy es referente, y ver de cerca la calidad de cada uno. Me quedé impresionado (y aún sigo impresionado) de la calidad de trabajo de muchos, y de conocer y entender todo lo que dan a la hora de cumplir uno de estos sueños que es poder lanzar un título al mercado viviendo en Argentina.

En todos estos años, explotaron los juegos para dispositivos móviles. Así fue como The Sandbox rompió fronteras con este juego de simulación totalmente adictivo. Más tarde, y gracias a semejante éxito, pudieron expandirse a Steam y llegar así a más personas que no son quizás muy asiduas a juegos móviles.

La nostalgia como punto fuerte

Volviendo a la PC, Blue Rider fue un shoot ‘em up de esos bien clásicos pero lleno de colores hermosos, con el contraste subido al máximo y un diseño de niveles complejo como sus enemigos. Para los que tenemos más edad, este juego era un recuerdo vital de los arcades, las máquinas recreativas que nos hacían perder tantas horas cuando íbamos a la costa, o si teníamos la suerte de vivir cerca de un local de estos. Quizás en ese momento fue cuando empecé a sentir que esto de jugar con la nostalgia era un punto de inflexión en muchos juegos nacionales, quizás por la edad de los desarrolladores, o quizás por una impronta de costos de producción e incluso, a veces, de tecnología. Al no saber bien la respuesta, solo quedaba seguir disfrutando de los próximos lanzamientos.

De Buenos Aires al mundo

Doorways abrió un nuevo mundo para mí dentro de la industria nacional, ya que estos muchachos trajeron un juego de terror puro y duro, con jumpscares bien marcados y una jugabilidad compleja que te pone la piel de gallina todo el tiempo. El juego rompió fronteras, records, llegó a manos de los Youtubers más conocidos y supo tener varias secuelas y, nuevamente, poner a la industria nacional en un punto alto, como diciendo: acá estamos y tenemos mucho más para dar.

Okhlos fue un título que sorprendió por varias razones. La primera de ellas es la estética, el aspecto visual que resulta imposible de ignorar y que es de esos que te vende lo que necesites vender. El otro punto, y más importante aún, era la originalidad de la historia y la mecánica de juego. El título fue distribuido ni más ni menos que por Devolver Digital, y sabemos que los muchachos no se andan con pavadas. Nuevamente, la importa Argentina recorría al mundo.

The Interactive Adventures of Dog Mendonça & Pizzaboy fue un golpé directo al fanatismo. Esta aventura gráfica bien clásica, con toneladas de similitudes a lo que nos solía regalar la vieja y quería LucasArts, fue como satisfacer una necesidad personal que hace años me venía consumiendo. Este juego está basado en un comic distribuido por la editorial Dark Horse, fue otro ejemplo de ese pensamiento que me había despertado en algún momento el propio Scratches, con eso de revivir géneros del pasado.

La nostalgia, las apuestas, los sueños

La gente que hizo Doorways, juntando toda la experiencia a nivel internacional que tuvieron con su título, ahora nos trae Hellbound, un FPS clásico a puro trapo donde más allá de la historia, más allá de sus más que logrados gráficos, más allá de todo, lo que importa es matar a todo lo que se nos cruce. Todavía en desarrollo, el juego promete ser una bestia que no busca competir con ningún otro título, sino hacer su propia historia.

Claramente, la nostalgia está a flor de piel en muchos desarrolladores. Cada vez salen más títulos que evocan esos sentimientos que muchos consideran, incluso, melancolía. El volver a jugar títulos que nos remonten a otras épocas y otros tiempos donde quizás muchos éramos niños o adolescentes, es algo que funciona y no me refiero a nivel comercial, sino plenamente emocional. Los videojuegos nos despiertan pasión, nos permiten convertirnos por un rato en otros personajes, nos permiten generar empatía. Y toda esta mezcla nos remota, seguramente, a aquellos momentos donde llegábamos del colegio para ponernos a jugar.

Pisando fuerte

La industria en general no es ajena a este concepto, y la industria argentina, no por argentina, deja de ser industria. El apoyo que se la da a la misma por momentos resulta un poco injusto. Por conocer a las personas involucradas, por conocer el trabajo que hacen, todo lo que dejan, todo lo que resignan para, como ya dije varias veces, cumplir sus sueños. Con esta nota, y habiendo dejado la industria hace un par de años, extiendo mis respetos y mi admiración a todos aquellos que le dan forma a la querida Industria Argentina de Videojuegos.

Escrito por

Redactor. Cinéfilo. Game Designer. Dibujo sin ser ilustrador y hago música sin ser músico. El terror ante todas las cosas. Aprendí a querer más a los animales que a las personas. Mi BFF se llama Leono.

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