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Videojuegos al cine: el hombre que rompió todo (Parte 3)

Tercera y, por ahora, última entrega de esta saga de notas haciendo referencia a las adaptaciones de videojuegos al cine.

En la primera parte, estuvimos hablando sobre aquellas películas que destrozaban no solo el recuerdo del videojuego adaptado, sino los ojos y mentes de los espectadores. La segunda parte de la nota, destacaba aquellas pocas adaptaciones que realmente valen la pena. Pero no podía terminar esta trilogía escrita sin hacer mención al enemigo público número uno en lo que a adaptación de videojuegos se refiere: Uwe Boll. Este hombre, nefasto, es de los peores directores que ha parido el cine, no solo porque arruina cada videojuego que toca, sino porque como director es realmente pésimo.

La bestía del averno cinematográfico

Uwe Boll es un director alemán que gusta de aniquilar el concepto que uno puede tener sobre hacer películas. Es como que destroza esa ilusión que se genera sobre cada exponente. Le gusta tirar minutos de metraje a la “basura”, siendo su cine sinónimo de la palabra encerrada entre comillas. En algún momento, donde este director lanzaba una o dos películas por año, aquellos que éramos fanáticos de ambos mundos, temíamos realmente al hecho de que este demente cinematográfico intente adaptar nuestro videojuego favorito.

A las pruebas me remito

En contraparte a los Premios Oscar, existen los Premios Golden Raspberry, más conocidos como Razzies. Estos premios, que cada día cobran más relevancia, premian, por así decirle, a lo peor de la industria cinematográfica. Peor director, peor guionista, peor actor, etc. Uwe Boll, de forma totalmente justa, tiene varios premios y nominaciones en su haber. Y lo más increíble de todo, es que el hombre financia sus propias películas. Obviamente, nadie es tan osado como para poner dinero en una producción de tal calibre. Lo peor de todo, es que en cada adaptación, en cada película que este nefasto personaje lanza, pierde millones de dólares, ya que a nivel taquilla sus películas son un desastre, pero a la hora de invertir, el hombre no tiene límites, al parecer.

“Plan 9 from Outer Space”

En términos periodísticos, incluso impulsado por la propia industria, Ed Wood es considerado como el peor director de la historia del cine. La misma gente que puso este mote sobre dicho director, es la que también nombró a Uwe Boll como “la respuesta alemana a Ed Wood”. Me gustaría que si ya no lo hicieron, intenten ver algunas películas de ambos directores, para poder entender bien de lo que hablo. No es cine Clase B. Ni siquiera es cine Clase Z. Es un nuevo nivel de embolia fílmica, donde incluso con producciones que superan los 60 millones de dólares, no pueden hacer ni un minuto de metraje que valga la pena.

Su marca, un legado que lastima

Gracias a Dios, Alá, Buda, Kaiosama, o en quién quieran creer, este hombre se retiró en 2016. Su carrera comenzó en 1991, así que imaginen el estrago que dejó. Lo irónico, es que siendo de lo peor que la industria del cine nos regaló, el hombre ha dejado una marca. No importa si es buena, mala, regular. Sea como sea, su nombre será recordado. El problema, es que rompió (literalmente, rompió es la palabra) a grandes exponentes del mundo de los videojuegos. Películas que podrían haber sido geniales, pero que este hombre decidió enterrar junto a su tumba cinematográfica.

En la primera parte de esta seguidilla de notas sobre adaptaciones de videojuegos al cine, hice mención de House of the Dead entre las peores adaptaciones de este hombre. Hoy vamos a seguir con la leyenda, vamos a seguir con esos exponentes que nos llevan a lo peor de este universo, a esos lugares donde todo está mal. Ese recóndito lugar en el éter, lleno de materia oscura, donde conviven las abominaciones perpetradas por Uwe Boll, el demonio en persona.

Edward Carnby se revuelca en la tumba de Infogrames

Si bien House of the Dead de 2003 fue la primera incursión de este hombre a las adaptaciones de videojuegos, fue recién en 2005 con Alone in the Dark que este director expandió su nombre. Como la mayoría sabrá, Alone in the Dark fue el título pionero de terror, aquel que dio la puntada inicial para el género Survival Horror. En la película, que intentó ser una continuación directa de Alone in the Dark: The New Nightmare, el protagonista era el olvidado Christian Slater, por aquel momento con una fama relevante que supo perder. El guion, que se contradecía con el hilo de la historia que pretendía tomar, es de lo peor que pude ver con mis propios ojos. Actuaciones pésimas, VFX a la altura. Lo único rescatable, su banda sonora.

De vampíros que no saben actuar

La actriz Kristanna Loken había tenido sus 15 minutos de fama al ser la villana de Terminator 3: Rise of the Machines. El director la llamó para protagonizar BloodRayne, tomando el papel de Rayne, y todo fue cuesta abajo. Mientras los videojuegos mostraban una interesante historia muy al estilo Underworld en algunos aspectos, la película intentaba resumir todo en una simple gresca entre humanos y vampiros, con algunos giros argumentales bastante tontos y huecos narrativos cada dos minutos de metraje. La cinta fue destruida por los críticos, incluso por los actores involucrados. Hubo problemas en su distribución, la cancelaron desde varios cines. Y obviamente, fue otro fracaso de taquilla.

Magos, guerreros, dragones… y lo peor que te puede pasar

Invirtiendo poco más de 60 millones de dólares en producción, y recaudando poco más de 10, este nuevo fracaso cinematográfico del director alemán tenía como protagonista a Jason Statham. In the Name of the King: A Dungeon Siege Tale, es una adaptación libre, por así decirlo, del videojuego Dungeon Siege, lanzado por Microsoft en 2002. La película parece, como para que se den una idea, un grupo de cosplayers en medio del campo, jugando a diferentes juegos de rol y luchando contra personajes en CGI de pésima calidad. Les aseguro que aquello que se estén imaginando será mucho mejor que está abominación fílmica. Nadie se explica qué pasaba por la mente de Jason Statham en ese momento, que estaba creciendo con cada película que lanzaba.

La violencia como eje para intentar la victoria

Postal es un videojuego conocido por su controversia, basada solamente en la violencia explícita que contenía. No digo que el juego era malo… pero el eje de la venta del mismo se hizo sobre este concepto, y no por su mecánica o algún aspecto técnico. Uwe Boll intentó aferrarse, varios años después, a ese ciclón de controversia y hacer una película con el mismo nombre, manteniendo lo mejor posible la historia (aunque se basaba más en la segunda parte del videojuego) y obviamente, la violencia. El resultado es Postal, de 2002, una de las películas más aburridas de la historia, donde ni la violencia que le dio éxito al juego la pudo salvar.

Un nuevo héroe de acción que no tiene nada de héroe y mucho menos, acción

Para está altura, ya nadie entendía como este hombre del mal podía seguir haciendo películas. Los actores eran cada vez más de segunda, pero las producciones seguían siendo “importantes”, teniendo en cuenta los millones de dólares que venía perdiendo desde hace años con su apestosa carrera. Far Cry fue el videojuego elegido en ese momento, y en 2008 el mundo fue testigo de una producción que costó 30 millones de dólares, y recaudo menos de 800 mil dólares alrededor del mundo. Far Cry es una copia de Rambo pero del conurbano, es meterse en la selva con un actor y que no pase nada. Es una pérdida de tiempo, teniendo tantas cosas lindas para hacer. Esta película significo el punto de quiebre, el momento donde el director, al fin, se dio cuenta de que el cine no era lo suyo.

Aun así, dirigió un par de películas más. Algunas de ellas secuelas de otras que ya había hecho, pero intentó darle un vuelco a su carrera y hacer producciones “originales”, que no estén basadas en ningún videojuego. Claramente, el resultado fue el mismo, el tipo ya había cavado su propia tumba y ni la industria cinematográfica ni los amantes de los videojuegos se lo iban a perdonar. Jamas.

Escrito por

Redactor. Cinéfilo. Game Designer. Dibujo sin ser ilustrador y hago música sin ser músico. El terror ante todas las cosas. Aprendí a querer más a los animales que a las personas. Mi BFF se llama Leono.

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