Nuestras redes

Opinión

Los videojuegos de guerra y su dudoso verosímil

Las historias que me contaba mi bisabuelo de chico sobre la guerra no eran felices ni divertidas. Por momentos tenían algún dejo melancólico por parte de este viejo y sabio hombre, pero no por la guerra en sí, sino por todo lo que perdió en ella. Crecí con esas historias, con el criterio de que la guerra era algo terrible, con historias desastrosas. El cine de aquella época, lejos de ser tendencioso por momentos, mostraba la misma crueldad. La historia a la que uno podía acceder, denotaba un halo completamente negativo sobre cualquier guerra armada (o no) sobre nuestro mundo. La humanidad aniquilando a la humanidad.

El golpe de calor

Battlefield V (2018) se ambienta en la Segunda Guerra Mundial

Pero a medida que fui creciendo y me fui adentrando en el mundo de los videojuegos, la guerra pasó de ser un recuerdo amargo, a un exponente del más puro entretenimiento. El verosímil de los conflictos armados iba quedando de lado para lograr sentirnos el mejor marine de la historia. Ya no importaba la matanza, el caos, el dolor. El eje de la guerra se había movido, quitándole importancia a lo que esto supone como hecho social, y apuntando todos los cañones hacía lo “cool” que podía ser nuestro personaje.

Y que no se malinterprete: no estoy hablando de la violencia de estos juegos. De eso ya hablamos en esta otra nota y creo haber dejado bien en claro mi postura. En esta nota, lo que quiero expresar es cómo siento que los videojuegos de guerra cambiaron a la guerra en sí, cambiaron su concepto, su connotación, su ferocidad. Y no es solo la inexactitud histórica de los mismos, sino el punto de vista. Las cámaras lentas cuando asesinas de forma impresionante a un enemigo, las cinemáticas con QTE (Quick Time Events) a la hora de destrozar vehículos enemigos… todo lo que tiene que ver con la mecánica de juego también se modificó, atemporalmente, para que ser parte de una guerra termine siendo una fiesta.

Entretenimiento y realidad

Y sí, sé que son videojuegos, sé que son entretenimiento. Y el problema no es ese, sino que realmente creo que hay un mensaje fuerte detrás de todo esto. Sobre todo porque hay generaciones de jóvenes muy pequeños detrás de estos juegos, que realmente creen todo lo que le dicen. Tienen como profesor de la vida a Youtube y videos hechos por cualquiera, sin evaluar al menos su veracidad. Creen en los creepypasta. Son generaciones digitales, que no tienen más que información constante que deben absorber cual esponja, sin la capacidad de discernir qué está bien y qué está mal, qué es verdad y qué es mentira.

La mayoría de los juegos de guerra, sobre todo los FPS, tienen una premisa más que clara: agarramos todas las armas que podemos, matamos a todo lo que se nos cruza, cumplimos un par de misiones simple y listo, somos el mejor del condado. ¿Y qué pasa si morimos dentro de una misión? Nada. Volvemos a comenzar retomando donde habíamos dejado. Nos pueden acertar varios disparos que no pasa nada, comemos algo, nos inyectamos algo, y seguimos luchando como si fuésemos Rambo. La muerte, en estos juegos, es solo para los enemigos. Y creemos en esos enemigos, creemos que realmente lo son. Si un videojuego lo dice… ¿cómo negarlo, verdad?

Yvan eht nioj

El primer Call of Duty (2003) también utilizó de ambientación a la Segunda Guerra Mundial

Muchos pueden argumentar que detrás de juegos de guerra como Call of Duty, hay un claro mensaje político y militar, que busca generar aprecio no solo por la temática en sí, sino que busca también generar empatía con los conflictos armados, para que las nuevas generaciones vayan asimilando desde pequeños que estás acciones “están bien”. No sé qué pensar sobre esto, y no creo que sea algo que se pueda banalizar tampoco. En el cine, pasa lo mismo con el director Michael Bay, donde se conoce que el hombre tiene una gran simpatía, y amistad, con las fuerzas armadas, y las pone en casi todas sus películas como los héroes de turno.

Tampoco podemos olvidar que los EE.UU., país cabecera de todos estos desarrollos, es un país sumamente patriota, al extremo muchas veces para lo que nosotros estamos acostumbrados, y para ellos desde siempre la guerra fue un medio para lograr un objetivo. Ese objetivo está justificado por gran parte de su población, que al mismo tiempo justifica la guerra. Pero más allá de eso, y nuevamente a diferencia de nosotros, la guerra para ellos es algo normal. Son un país que suele estar en guerra permanentemente, un país que invierte millones en las fuerzas armadas, un país donde la gente le tiene respeto y admiración, y agradecimiento, a todos aquellos que van a dar su vida por su país.

La cruda realidad para quien la quiere ver

Los videojuegos trivializan estos conceptos, cosa que no hacen quizás las películas, si olvidamos por un momento el mensaje, las obras cinematográficas suelen mostrar de forma impactante el horror que se vive segundo a segundo en un campo de batalla. Recordemos por un momento toda la escena del desembarco en Normandía de Saving Private Ryan (para mí, una de las mejores escenas jamás filmada), el dolor, el desgarro, el horror, todo lo que representa una guerra está plasmado en esos minutos de cinta. Y a uno le choca, nos llega desde el rechazo absoluto, desde lo terrible de la vivencia de esos soldados. Desde la empatía misma con el sufrimiento ajeno.

Los videojuegos hacen todo lo contrario en sus grandes exponentes. Son acción, son diversión. Son un espectáculo narrativo y visual que para ser realista y atrapar al jugador, tiene que ser extremo sin parecer real, pero hasta ahí. Es como si el público promedio diría “dame realismo, pero no tanto, no tengo ganas de pensar en cosas serias”. Y justo en ese pensamiento, en ese momento donde varias neuronas no se hacen cargo de la realidad, llegan juegos como This War of Mine que te ponen ahí, en el medio de todo lo que los otros juegos deciden esconder.

Entre conceptos narrativos y lo que no se quiere mostrar

Hay algo que se llama “limitación gramatical”. Obviamente en un videojuego no podemos contar todo lo que nos gustaría contar, no solo por una limitación técnica o de espacio, sino de la propia narrativa. No irse por las ramas, no darle al jugador información que no sea relevante. Y en esa limitación gramatical es donde metemos todo aquello que no nos interesa o no queremos mostrar. Los daños colaterales de un ataque, las bajas civiles, los refugiados, los heridos, los escuderos que rematan a los que quedaron heridos, las enfermedades, la destrucción. No, ¿para qué? Conceptualmente, es mejor matar a un enemigo y seguir buscando nuevas víctimas, total al matarlas es muy probable que estas desaparezcan. Son ceros y unos. Victimas binarias.

“Dame realismo, pero no tanto, no tengo ganas de pensar en cosas serias.”

No hay peor ciego que el que no quiere ver

Videojuegos de guerra como la saga Medal of Honor, Call of Duty o Battlefield te cuenta la guerra mediante metáforas endulzadas, mientras que títulos como This War of Mine te cuentan lo mismo pero sin ese halo fantástico. This War of Mine te pone mal, todo el tiempo tiene ese sabor amargo que te revuelve las tripas. Y sigue siendo un videojuego hecho para entretener, pero que no hace caso a ese concepto de las pocas ganas de pensar en cosas serias. Y no me gustaría extenderme más, para el poco rigor histórico de los videojuegos los hace de por sí alejarse de la realidad, aunque su intención sea todo lo contrario.

Esto es porque absorben mucho del séptimo arte, como ya hablamos alguna vez, y adoptan todos sus defectos, desde la falta de rigor en lo que cuentan hasta los clichés más absurdos del medio. Digamos que si los videojuegos tendrían que representar la batalla de las Termópilas, optarían por hacerlo de la forma que lo hizo 300 (completamente visual, explosiva e impactante, basándose en un cómic) que ateniéndose a un verosímil histórico lo más aproximado a lo que nos relatan los libros de historia.

Escrito por

Redactor. Cinéfilo. Game Designer. Dibujo sin ser ilustrador y hago música sin ser músico. El terror ante todas las cosas. Aprendí a querer más a los animales que a las personas. Mi BFF se llama Leono.

También podés leer...

La violencia en los videojuegos

Opinión

La narrativa como eje de la inmersión

Opinión

EA anunciará un nuevo Battlefield el 23 de mayo

Noticias

Nuestras redes