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No solo juego porque me entretiene

No sé bien por qué, pero nunca me llamaron los juegos online o competitivos. Quizás por ser de la vieja escuela, estoy extremadamente acostumbrado (y soy feliz con ello) a jugar el clásico “single player”. El modo compaña, el modo historia… como quieran decirle. Me gusta que el desafío sea competir contra el propio juego, contra lo que los desarrolladores impusieron como dificultad. No sé bien por qué será, pero así crecí, y así continúo.

De costumbres y premisas

Nunca jugué a World of Warcraft, ni a Lineage, ni a Ragnarok Online. Mientras todos pasaban horas en los cyber jugando a Counter Strike, yo me quedaba en mi casa jugando Silent Hill o Resident Evil. Y no es que fuese antisocial: ser una persona sociable es uno de mis fuertes como persona. Pero en los juegos prefiero afrontar los desafíos por mi cuenta.

Y no digo que una cosa esté bien y la otra, mal. Solo creo que es una cuestión de gustos. Hace ya un tiempo empecé a usar la plataforma Twitch como streamer, y si bien concentró la mayor parte de mis horas dentro de la categoría Creative (ahora llamada Art), suelo jugar muchos títulos de terror. Durante muchos meses, el hecho de que no juego a ningún título online fue la marca registrada de mi canal.

La pesa que se inclina siempre hacia el mismo lugar

Mientras muchísimos canales hacen stream de League of Legends, DOTA 2, CS:GO, Overwatch, Hearthstone, Dead by Daylight, Fortnite, PUBG o el reciente Call of Duty: Black Ops 4, yo optaba por jugar títulos de esos que siempre me gustaron: The Silent Age, Resident Evil 7: Biohazard, Observer, Deadly Premonition, Sniper Elite Nazi Zombie Army 2, INSIDE, DOOM o Neverending Nightmare son algunos ejemplos.

Pero llegó un día donde todo cambió, incluso mi forma de ver las cosas. Entendí, a la fuerza, que muchas veces no solo es el videojuego que nos entretiene, sino el contexto en que lo jugamos.

Causa y efecto

Tuve algunos problemas personales, me dormía muy tarde y durante la noche, cuando ya no tenía trabajo, había una soledad implícita que se apegaba a mí como hiedra venenosa a las paredes. Mis amigos, la mayoría estaban jugando a Overwatch. Pero ahí, a un costado, había un grupo de personas con las que me estaba relacionando de a poco, y se la pasaban jugando Fortnite.

  • ¿Querés jugar con nosotros? Podes venir a Discord y jugamos los cuatro.

Discord era una plataforma que tampoco usaba demasiado. En su momento reemplazó a Skype para varias reuniones de trabajo que tenía, pero no mucho más. Decidí bajar el juego, era gratis. Era un shooter, me gustaba el género. ¿Por qué no intentarlo?

De repente, habiendo pasado semanas de esto, Fortnite se había convertido en un punto de reunión donde me la pasaba charlando con amigos, riéndome a más no poder, rompiendo todo ese sentimiento que venía cargando en mis espaldas. El contexto había superado al juego en sí, y empecé a entender muchísimas cosas que me decían pero con las que no podía generar empatía.

Experiencias personales: un mundo aparte para cada caso

Que quede claro: no estoy diciendo que todo el mundo se adentre a los juegos online por alguna necesidad personal. Estoy diciendo que a partir de mi caso, investigando un poco y contando mi experiencia, empecé a conocer a un montón de gente que estaba en la misma. Y me llamó la atención. Tanto, que empecé a generar una suerte de documento juntando experiencias, motivos por los cuales todas esas personas elegían pasar su tiempo con juegos online.

Seguramente no tenga una validez como documento periodístico, pero a mí me sirvió para entender mejor el panorama: la mayoría de las personas contestó, palabras más, palabras menos, que no solo le gustaban estos juegos, sino que también les permitía conocer gente.

El futuro en tus manos

En un mundo donde casi todo está digitalizado y las relaciones a distancia son moneda corriente, los videojuegos también son utilizados como medio para conocer gente con gustos similares. Y si lo pensamos bien, no es raro lo que planteo: cualquiera que pase jugando online, vamos a suponer, unas cuatro horas diarias, y mientras tanto, charla con esa persona o esas personas con las que juega, está forjando una amistad. Le pese a quien le pese.

28 horas semanales. 120 horas mensuales. Siendo una persona muy sociable, no llego a hablar más de un par de minutos con mis amigos mediante las diferentes redes sociales, WhatsApp o Telegram, por día. Pero con mis compañeros y amigos de aventuras, puedo hablar toda la noche, noche a noche, mientras compartimos unas partidas de Fortnite.

Esto demuestra, de forma sutil aunque determinante, que la o el jugador no es solo “una persona que le da duro a los videojuegos”. En cierta forma, y si tomamos no solo el carácter psicológico de todo esto, sino también el efecto que genera en cada persona, ser jugador o jugadora es quizás, “un estilo de vida”, como muchos de los entrevistados se animaron a decir.

Una forma de vivir. Una forma de subsistir

Quizás sea la velocidad con que se vive hoy en día, lo simple de las interacciones, lo sólido de las comunicaciones. Sea como sea, las personas, por más solitarias que sean en “la vida real”, buscan juntarse con un grupo de gente, selecto, determinado por gustos y formas de jugar. Gente que está del otro lado del monitor pero nos puede dar la misma compañía, o incluso mucho más, por qué no, que alguien que tenemos en una misma habitación.

Hace poco, ese grupo de guerreros con los que jugaba a Fortnite todas las noches se empezó a disipar. Algunos retomaron League of Legends, vieja pasión para ellos. Otros por momentos deciden tranquilizar sus huesos en Euro Truck Simulator 2. Yo, en consecuencia, perdí el gusto por Fortnite porque… si leyeron bien la nota, solo lo jugaba por el contexto.

Pero algo cambió: seguimos charlando en Discord durante horas. Mientras ellos y ellas juegan a lo que quieren, yo trabajo, o juego otras cosas “single player”, como siempre lo supe hacer. Fortnite solo era una excusa, que quizás mañana tenga otro nombre. Sea como sea, esta experiencia va más allá de Fortnite, de League of Legends o del juego que sea: yo gané tres amigos gracias a esto que vengo llamando “contexto”.

La vara, una vez más, se inclina a favor de que la tecnología está al servicio del ser humano.

Escrito por

Redactor. Cinéfilo. Game Designer. Dibujo sin ser ilustrador y hago música sin ser músico. El terror ante todas las cosas. Aprendí a querer más a los animales que a las personas. Mi BFF se llama Leono.

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